La
historia de Zenón Arce
1895-1953
Zenón era el mayor de los varones en su
generación y hermano de Andrés, mi abuelo por parte de mamá. Su madre Cecilia Arce nunca se caso. Dona Cecilia tuvo otros hijos que fueron Ramona, Herminia, Roberto y Andrés, todos nacidos en los tardíos 1895 y hasta
1904. Mi tío abuelo fue barbero por oficio y
vivió en Naranjo, Costa Rica. Fue también agricultor de temporada, que lo llevó
por ciertas partes del país cuando apareció la oportunidad. Le decían
“Chinonga”, pero ya nadie se acuerda por que; pero este es un apellido conocido en Zimbabwe, Africa ( talvez le pusieron el apodo en "La Zona" porque habían negros de antecedente Africano) chinonga también es nombre de una raza de caballo muy fino. Zenón era guapo, un hombre que se
casó ya entrado en años. Conocí a sus bisnietos cuando joven; tres de ellos
hombres, con un atractivo evidente: rostro oscuro, abundante melena y cierto don
para conversar. Uno se nos fue, Henry Arce, en el ’79. A veces se cruza en mis
pensamientos, sin importar que solo hayamos vivido juntos aquél intenso verano
del ’78 que pasamos en Costa Rica mientras me perdía los inicios de mi último
año de colegio.
La historia de Zenón se acuña en un
tremendo pero tranquilo genio que lo caracterizó a él y a uno que otro
lugareño. El relato nace con él y unos tragos en alguna cantina, muy
seguramente en “La Zona”, allá por la Península de Osa, en el Pacifico Sur. La
United Company (Mamita Yunai), que hoy va por el nombre de Chiquita Banana
controló las áreas de centro y sur de América, de ahí eso de las “Repúblicas
Bananeras”. Lo bueno, lo malo y hasta lo feo de ese así por llamarlo “salvaje
oeste” lo recopila Carlos Luis Fallas, en una de sus obras: http://www.goodreads.com/book/photo/1481262.Mamita_Yunai.
El exacto por qué de tremendo burumbúm ya se ha perdido
con los años, aunque quienes gustan engalanar estas historias culpan a una
señorita empresaria, quien terminó dueña de alguna de estas compañías. Llegó a
sabiendas de algún celoso pretendiente que a Zenón Arce, quien frecuentaba a
nuestra reina de corazones, se le podía encontrar en compañía del guaro de caña
que destilaban por ahí. Ahora, claro está que Zenón no era ningún borracho, pero
tampoco era de esos que despreciaba un trago. Ahora imagínate una cantina a
principios de los ’20: no más que cuatro paredes, puertas de vaivén que
descubrían en el interior un bar con bancos y el olor penetrante de los
orinales que drenaban en alguna sequia cercana. Hoy en día ya no se ven mujeres
en una cantina así, un bar es un avance más aceptado.
Se acercó cual celoso Romeo a las puertas de la
cantina y gritando a los cuatro vientos exigió al tal Zenón Arce acto de
presencia inmediata. Las armas de fuego en esos tiempos se veían muy poco, pero
para desenvainar un machete, un cuchillo o hasta un espadín no hacía falta
mucho esfuerzo. Uno era encarado por su adversario mientras él hacía correr la
punta de su hoja afilada en el suelo rocoso, provocando a veces chispas y dándole
otro significado a “centelleante”.
“¡Zenón Arce, salí y da la cara!” gritó con ira el
antagonista. Cuentan que Zenón iba desarmado, seguro porque era el final de la
jornada y pasó por un trago camino a su morada. De cualquier manera un duelo no
podía dejarse para después. Zenón salió. Traía una chaqueta de la cual pronto
se despojó y envolvió alrededor de su brazo. De nuevo, detalles de aquellos
dimes y diretes extraviaron con el tiempo. Lo que sí es certero es la manera en
que Zenón esquivó cuanto estoque encontró, sorteándolos siempre hacia atrás y
acercándose más y más a su estancia en el campo para trabajadores. Supongo que
salía la gente y rodeaba a los contrincantes, pero jamás interrumpir o ayudar,
porque así era como resolvían ese tipo de malentendidos.
También supongo que esto aconteció ya caída la
tarde, porque la mayoría de los turnos iban de la madrugada a las tres de la
tarde, para completar una jornada de diez horas. Las costas costarricenses son
calientes hasta poco después de que el sol se ha puesto, con vapor que sale de
las blancas arenas, entonces es confuso el por qué de llevar puesta la
chaqueta. Ha de ser que alguien en la cantina le aconsejó resguardarse.
El ataque persistió y Zenón también, que
continuó sorteando para atrás estocada tras estocada. Así se encontró pronto
cercano a su morada y corrió para regresar armado con una pequeña espada. Puede
que le haya dicho al hombre que se detuviera y se fuera a casa. Puede que antes
de la pelea le haya expresado su deseo de hacerle ningún daño. De nuevo, todo
lo que se haya podido suscitar entre estos dos ahora se desconoce. Fue cuestión
de minutos para que Zenón viese a su contrincante tendido en el suelo.
Zenón desposó mas adelante y tuvieron al
menos dos hijas: María y Dora. La última fue abuela de mis primos antes
mencionados. Ya entrado en años regresó a La Zona, donde vio pasar sus últimos
días separado de sus hermanos.
Luis G. Lobo
con Tomas Alfaro
Febrero de 2015
Mamita Yunai – Carlos Luis Fallas
(Calufa)
Mamita Yunai describe la vida en la costa
caribeña costarricense durante los primeros años del siglo veinte. Narra las
condiciones de vida de los aborígenes y trabajadores de las bananeras. Habla de
una realidad de explotación, injusticia, pobreza, ignorancia y corrupción,
entre otros. Esta novela nace del pueblo y para el pueblo, en un país víctima
de la explotación de los Estados Unidos de Norteamérica. Costa Rica vivió las
consecuencias de la invasión de la marina a Nicaragua en 1912, la Revolución
Rusa en 1917 y más directamente las del movimiento imperialista en su intento
desesperado por detener el avance del comunismo en América Latina. El
imperialismo y poder estadounidense predominaron en el Atlántico tico donde el
gobierno aprobó tratados transnacionales que pusieron en riesgo nuestro suelo y
nuestra gente. “Sibajita”, personaje principal de Carlos Luis Fallas, empieza
describiendo su viaje a Talamanca (principal asentamiento aborigen en Costa
Rica) en donde planea participar de las elecciones presidenciales. Es entonces
cuando recuerda sus vivencias después de haber pasado varios años en las
plantaciones de banano de la United Fruit Company en Limón (una de las siete
provincias costarricenses). Carlos Luis Fallas describe las condiciones paupérrimas
de vida en pobreza y abandono de los aborígenes y trabajadores de la
transnacional y denuncia su corrupción, explotación y maltrato. Todo es
detallado en su novela, desde sus viajes en bus a Talamanca y hasta cuando ve a su amigo (Calero) morir
aplastado por un árbol. Mamita Yunai es situada en las partes rurales
costarricenses donde la única opción era trabajar para la United Fruit Company.
Hay un contraste de personajes entre los que viven la buena vida: tiranos de
ojos azules, ayudados por las autoridades corruptas del país, y los esclavos en
su propio país: Sibajita, Calero y Herminio, entre otros. Mamita Yunai se
convierte en la voz del pueblo, de quienes no pudieron escapar y fueron
engañados y abusados por su propio gobierno, de quienes no pudieron luchar
contra el mayor contrincante: el poder imperialista de los Yankees.

<Henry Arce, mi primo y gran amigo, lo perdimos en 1980 durante sus anos de juventud, el fue el bisnieto de Zenon Arce.
Henry Arce, my cousin and friend, we lost him in 1980 in his teenage years, the great-grandson of Zenon Arce.>
The Story of Zenon Arce
1895-1953
Zenon is the oldest male in his generation, the brother of
my maternal grandfather Andres. His mother Cecilia Arce never married – her
children also included Ramona, Herminia, Roberto and Andres; these children
were born from the late 1890’s until 1904.
My great-uncle was a barber by trade and lived in Naranjo,
Costa Rica. He was also a farmer that
followed the seasons, moving to different areas of the country as the
opportunity arose. His nickname was “Chinonga”, although its meaning has been
now lost. Chinonga is a common last name in Zimbabwe and he may have been given
the nickname by descendants of African heritage who worked in “La Zona” . Chinonga
is also the name of a type of thoroughbred horse. Zenon was also a handsome man, who married
late in life. I met his
great-grandchildren in my teenage years; three of them boys, and it was evident
to me that they had the “look” – dark visage, good hair and the gift of gab. We
lost one of them, Henry Arce, in 1979, and I think of him often, even as we
were only together that eventful summer when we remained in Costa Rica in 1978,
missing the first half of my senior year.
The story of Zenon is embedded in the fact that some members
of his tribe also have a tremendous, yet cool temper. The tale begins with our protagonist having
some drinks in a cantina, possibly in the area of Costa Rica once know as “La
Zona”, located close to the Panamanian border. United Fruit (aka Mamita (mother) Yunai
(united) present day Chiquita Banana, controlled many such areas of Central
and South America, thus the term “Banana Republics”. The Costa Rican author, Carlos Fallas, wrote
a groundbreaking expose on the good, bad and the ugly of this “wild-west”. –
see resume http://www.goodreads.com/book/photo/1481262.Mamita_Yunai
The backstory as to what provoked an argument is lost. But family lore, notably from those that like
to embellish these tales, place the blame on a young lady entrepreneur who kept
some of these fellows company. A jealous
pretender was made aware that Zenon, who was apparently a visitor to our femme
fatale, could be found enjoying some of the native Guaro de Cana (sugar cane
liquor), probably distilled nearby. It was always made abundantly clear that
Zenon was not a drunk, but was not one to refuse a kindness. You have to
picture a cantina in the early 1920’s as no more than a room with a swinging
door that opens to a bar with stools, the strong smell of urinals nearby,
draining into a nearby ditch. To this
day, you do not find many women hanging out at a cantina, a BAR is more recent
development.
Our jealous Romeo approaches the cantina door and calls for
Zenon Arce to present himself. By the
way, firearms were rare, but machetes, knives and espadins ( a short sword with
a thin blade) were openly carried. One was “called-out” by his challenger,
while he ran the tip of the blade on the rocky ground, sometimes causing sparks
to appear – therefore “chispiar” – “to spark” takes on a whole new meaning!
“Zenon Arce, come out and meet your fate!” yelled the angry
rival. On this day Zenon was
unarmed, possibly due to coming back from work, stopping for a drink, on his
way to his abode. Regardless, a
challenge issued could not be postponed.
Zenon stepped outside, wearing a short jacket, which he proceeded to
remove and wrap around his arm. Again,
the details of any other words spoken are lost.
What is known is that Zenon fended off slashing swings all the while
moving backwards closer and closer to his room or tent in the worker camp. I can imagine that people circled the
fighters, but there was never any interference or assistance, given that this
was a typical manner by which to settle differences.
I also imagine that this was later in the day, as most work
stopped after three o’clock, given ten-hour workdays that began at dawn. The coastal areas of Costa Rica remain very
warm until the sun settles, with “heat-devils” rising from white sand
terrains. Why he carried a jacket is
confusing, but it may be that someone in the bar gave him the garment so as to
protect himself.
The attack was persistent, with Zenon backtracking, while
fending off the blows. He soon found
himself close to his abode, ran in and came back with his own short sword. He may have told the man to stop the attack
and go home. He may have told him before
the fight that he wished to do him no violence.
Again, all of what may have transpired between these two is lost. It was minutes before Zenon’s rival lay dying
in the street.
Zenon later married and had two daughters, Maria and Dora. The
latter was grandmother to my cousins earlier mentioned. Later in life he
returned to “LA ZONA” where he lived out his days, secluded from his other
brothers and sister.
Luis G. Lobo
With Tomas Alfaro
February of 2015
MAMITA YUNAI – by Carlos Fallas
Mamita Yunai describes the life in
the Costa Rican Atlantic Coast during the early and mid XX century. It narrates
the life conditions under which the indigenous people and the banana plantation
workers lived. It describes a reality of exploitation, injustice, poverty,
ignorance, and corruption, among others. This novel came from the people and
for the people, a country that resented the exploitation from the United States
of America. Costa Rica that was influenced by the Marine Invasion in 1912 in
Nicaragua, the Russian Revolution in 1917, and most importantly, the
Imperialism Movement that wanted to stop, under any circumstances, the
spreading of communism throughout Latin American. In Costa Rica, imperialism
and American power was predominant in the Atlantic area where the government
had naively accepted transnational agreements that put in risk, our land and our
people. Luis Fallas, using “Sibajita” as the main character, starts off by
describing his journey to Talamanca (one of the biggest indigenous settlements
in Costa Rica), where he was planning to participate in the presidential
elections. The main character then recalls his previous experience after having
spent several years in Limón (one of the seven provinces of Costa Rica) where
the American United Fruit Company had established banana plantations. Carlos
Luis Fallas describes the terrible life conditions – poverty and abandonment –
of the indigenous people and the banana workers; he also denounces the
corruption, exploitation and maltreatment. Everything is described in this
novel: from his bus rides to Talamanca to the time he saw his friend – Calero –
dying after being crushed by a tree. Mamita Yunai takes place in the rural
areas of Costa Rica, where people had no other choice but to work for the
United Fruit Company. There a contrast of characters, those who live the good
life –described as tyrants with blue eyes and light hair, helped by the
corrupted authorities of my country -; and those who are slaves in their own
country: Sibajita, Calero, and Herminio, among others. Mamita Yunai becomes the
voice to the people, the voice of those who cannot go out, those who were
fooled and abused by their –own people– their government, those who could not
fight against the greatest of all: the imperialistic power of the United States
of America.

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