Sunday, February 1, 2015

La historia de Zenon Arce - The story of Zenon Arce (Spanish, then in English)



La historia de Zenón Arce
1895-1953


Zenón era el mayor de los varones en su generación y hermano de Andrés, mi abuelo por parte de mamá. Su madre Cecilia Arce nunca se caso.  Dona Cecilia tuvo otros hijos que fueron Ramona, Herminia, Roberto y Andrés, todos nacidos en los tardíos 1895 y hasta 1904. Mi tío abuelo fue barbero por oficio y vivió en Naranjo, Costa Rica. Fue también agricultor de temporada, que lo llevó por ciertas partes del país cuando apareció la oportunidad. Le decían “Chinonga”, pero ya nadie se acuerda por que;  pero este es un apellido conocido en Zimbabwe, Africa ( talvez le pusieron el apodo en "La Zona" porque habían negros de antecedente Africano)  chinonga también es nombre de una raza de caballo muy fino.  Zenón era guapo, un hombre que se casó ya entrado en años. Conocí a sus bisnietos cuando joven; tres de ellos hombres, con un atractivo evidente: rostro oscuro, abundante melena y cierto don para conversar. Uno se nos fue, Henry Arce, en el ’79. A veces se cruza en mis pensamientos, sin importar que solo hayamos vivido juntos aquél intenso verano del ’78 que pasamos en Costa Rica mientras me perdía los inicios de mi último año de colegio.

La historia de Zenón se acuña en un tremendo pero tranquilo genio que lo caracterizó a él y a uno que otro lugareño. El relato nace con él y unos tragos en alguna cantina, muy seguramente en “La Zona”, allá por la Península de Osa, en el Pacifico Sur. La United Company (Mamita Yunai), que hoy va por el nombre de Chiquita Banana controló las áreas de centro y sur de América, de ahí eso de las “Repúblicas Bananeras”. Lo bueno, lo malo y hasta lo feo de ese así por llamarlo “salvaje oeste” lo recopila Carlos Luis Fallas, en una de sus obras: http://www.goodreads.com/book/photo/1481262.Mamita_Yunai.

El exacto por qué de tremendo burumbúm ya se ha perdido con los años, aunque quienes gustan engalanar estas historias culpan a una señorita empresaria, quien terminó dueña de alguna de estas compañías. Llegó a sabiendas de algún celoso pretendiente que a Zenón Arce, quien frecuentaba a nuestra reina de corazones, se le podía encontrar en compañía del guaro de caña que destilaban por ahí. Ahora, claro está que Zenón no era ningún borracho, pero tampoco era de esos que despreciaba un trago. Ahora imagínate una cantina a principios de los ’20: no más que cuatro paredes, puertas de vaivén que descubrían en el interior un bar con bancos y el olor penetrante de los orinales que drenaban en alguna sequia cercana. Hoy en día ya no se ven mujeres en una cantina así, un bar es un avance más aceptado.

Se acercó cual celoso Romeo a las puertas de la cantina y gritando a los cuatro vientos exigió al tal Zenón Arce acto de presencia inmediata. Las armas de fuego en esos tiempos se veían muy poco, pero para desenvainar un machete, un cuchillo o hasta un espadín no hacía falta mucho esfuerzo. Uno era encarado por su adversario mientras él hacía correr la punta de su hoja afilada en el suelo rocoso, provocando a veces chispas y dándole otro significado a “centelleante”.

“¡Zenón Arce, salí y da la cara!” gritó con ira el antagonista. Cuentan que Zenón iba desarmado, seguro porque era el final de la jornada y pasó por un trago camino a su morada. De cualquier manera un duelo no podía dejarse para después. Zenón salió. Traía una chaqueta de la cual pronto se despojó y envolvió alrededor de su brazo. De nuevo, detalles de aquellos dimes y diretes extraviaron con el tiempo. Lo que sí es certero es la manera en que Zenón esquivó cuanto estoque encontró, sorteándolos siempre hacia atrás y acercándose más y más a su estancia en el campo para trabajadores. Supongo que salía la gente y rodeaba a los contrincantes, pero jamás interrumpir o ayudar, porque así era como resolvían ese tipo de malentendidos.

También supongo que esto aconteció ya caída la tarde, porque la mayoría de los turnos iban de la madrugada a las tres de la tarde, para completar una jornada de diez horas. Las costas costarricenses son calientes hasta poco después de que el sol se ha puesto, con vapor que sale de las blancas arenas, entonces es confuso el por qué de llevar puesta la chaqueta. Ha de ser que alguien en la cantina le aconsejó resguardarse.

El ataque persistió y Zenón también, que continuó sorteando para atrás estocada tras estocada. Así se encontró pronto cercano a su morada y corrió para regresar armado con una pequeña espada. Puede que le haya dicho al hombre que se detuviera y se fuera a casa. Puede que antes de la pelea le haya expresado su deseo de hacerle ningún daño. De nuevo, todo lo que se haya podido suscitar entre estos dos ahora se desconoce. Fue cuestión de minutos para que Zenón viese a su contrincante tendido en el suelo.

Zenón desposó mas adelante y tuvieron al menos dos hijas: María y Dora. La última fue abuela de mis primos antes mencionados. Ya entrado en años regresó a La Zona, donde vio pasar sus últimos días separado de sus hermanos.

Luis G. Lobo
con Tomas Alfaro
Febrero de 2015

Mamita Yunai – Carlos Luis Fallas (Calufa)

Mamita Yunai describe la vida en la costa caribeña costarricense durante los primeros años del siglo veinte. Narra las condiciones de vida de los aborígenes y trabajadores de las bananeras. Habla de una realidad de explotación, injusticia, pobreza, ignorancia y corrupción, entre otros. Esta novela nace del pueblo y para el pueblo, en un país víctima de la explotación de los Estados Unidos de Norteamérica. Costa Rica vivió las consecuencias de la invasión de la marina a Nicaragua en 1912, la Revolución Rusa en 1917 y más directamente las del movimiento imperialista en su intento desesperado por detener el avance del comunismo en América Latina. El imperialismo y poder estadounidense predominaron en el Atlántico tico donde el gobierno aprobó tratados transnacionales que pusieron en riesgo nuestro suelo y nuestra gente. “Sibajita”, personaje principal de Carlos Luis Fallas, empieza describiendo su viaje a Talamanca (principal asentamiento aborigen en Costa Rica) en donde planea participar de las elecciones presidenciales. Es entonces cuando recuerda sus vivencias después de haber pasado varios años en las plantaciones de banano de la United Fruit Company en Limón (una de las siete provincias costarricenses). Carlos Luis Fallas describe las condiciones paupérrimas de vida en pobreza y abandono de los aborígenes y trabajadores de la transnacional y denuncia su corrupción, explotación y maltrato. Todo es detallado en su novela, desde sus viajes en bus a Talamanca  y hasta cuando ve a su amigo (Calero) morir aplastado por un árbol. Mamita Yunai es situada en las partes rurales costarricenses donde la única opción era trabajar para la United Fruit Company. Hay un contraste de personajes entre los que viven la buena vida: tiranos de ojos azules, ayudados por las autoridades corruptas del país, y los esclavos en su propio país: Sibajita, Calero y Herminio, entre otros. Mamita Yunai se convierte en la voz del pueblo, de quienes no pudieron escapar y fueron engañados y abusados por su propio gobierno, de quienes no pudieron luchar contra el mayor contrincante: el poder imperialista de los Yankees.


<Henry Arce, mi primo y gran amigo, lo perdimos en 1980 durante sus anos de juventud, el fue el bisnieto de Zenon Arce. 
Henry Arce, my cousin and friend, we lost him in 1980 in his teenage years, the great-grandson of Zenon Arce.>




The Story of Zenon Arce

1895-1953

Zenon is the oldest male in his generation, the brother of my maternal grandfather Andres.   His mother Cecilia Arce never married – her children also included Ramona, Herminia, Roberto and Andres; these children were born from the late 1890’s until 1904.

My great-uncle was a barber by trade and lived in Naranjo, Costa Rica.  He was also a farmer that followed the seasons, moving to different areas of the country as the opportunity arose. His nickname was “Chinonga”, although its meaning has been now lost. Chinonga is a common last name in Zimbabwe and he may have been given the nickname by descendants of African heritage who worked in “La Zona” . Chinonga is also the name of a type of thoroughbred horse.   Zenon was also a handsome man, who married late in life.  I met his great-grandchildren in my teenage years; three of them boys, and it was evident to me that they had the “look” – dark visage, good hair and the gift of gab. We lost one of them, Henry Arce, in 1979, and I think of him often, even as we were only together that eventful summer when we remained in Costa Rica in 1978, missing the first half of my senior year.

The story of Zenon is embedded in the fact that some members of his tribe also have a tremendous, yet cool temper.  The tale begins with our protagonist having some drinks in a cantina, possibly in the area of Costa Rica once know as “La Zona”, located close to the Panamanian border. United Fruit (aka Mamita (mother) Yunai (united) present day Chiquita Banana, controlled many such areas of Central and South America, thus the term “Banana Republics”.  The Costa Rican author, Carlos Fallas, wrote a groundbreaking expose on the good, bad and the ugly of this “wild-west”. – see resume http://www.goodreads.com/book/photo/1481262.Mamita_Yunai

The backstory as to what provoked an argument is lost.  But family lore, notably from those that like to embellish these tales, place the blame on a young lady entrepreneur who kept some of these fellows company.  A jealous pretender was made aware that Zenon, who was apparently a visitor to our femme fatale, could be found enjoying some of the native Guaro de Cana (sugar cane liquor), probably distilled nearby. It was always made abundantly clear that Zenon was not a drunk, but was not one to refuse a kindness. You have to picture a cantina in the early 1920’s as no more than a room with a swinging door that opens to a bar with stools, the strong smell of urinals nearby, draining into a nearby ditch.  To this day, you do not find many women hanging out at a cantina, a BAR is more recent development.

Our jealous Romeo approaches the cantina door and calls for Zenon Arce to present himself.  By the way, firearms were rare, but machetes, knives and espadins ( a short sword with a thin blade) were openly carried. One was “called-out” by his challenger, while he ran the tip of the blade on the rocky ground, sometimes causing sparks to appear – therefore “chispiar” – “to spark” takes on a whole new meaning!

“Zenon Arce, come out and meet your fate!” yelled the angry rival.  On this day Zenon was unarmed, possibly due to coming back from work, stopping for a drink, on his way to his abode.  Regardless, a challenge issued could not be postponed.  Zenon stepped outside, wearing a short jacket, which he proceeded to remove and wrap around his arm.  Again, the details of any other words spoken are lost.  What is known is that Zenon fended off slashing swings all the while moving backwards closer and closer to his room or tent in the worker camp.  I can imagine that people circled the fighters, but there was never any interference or assistance, given that this was a typical manner by which to settle differences.

I also imagine that this was later in the day, as most work stopped after three o’clock, given ten-hour workdays that began at dawn.  The coastal areas of Costa Rica remain very warm until the sun settles, with “heat-devils” rising from white sand terrains.  Why he carried a jacket is confusing, but it may be that someone in the bar gave him the garment so as to protect himself.

The attack was persistent, with Zenon backtracking, while fending off the blows.  He soon found himself close to his abode, ran in and came back with his own short sword.  He may have told the man to stop the attack and go home.  He may have told him before the fight that he wished to do him no violence.  Again, all of what may have transpired between these two is lost.  It was minutes before Zenon’s rival lay dying in the street.

Zenon later married and had two daughters, Maria and Dora. The latter was grandmother to my cousins earlier mentioned. Later in life he returned to “LA ZONA” where he lived out his days, secluded from his other brothers and sister.

Luis G. Lobo
With Tomas Alfaro
February of 2015


MAMITA YUNAI – by Carlos Fallas

Mamita Yunai describes the life in the Costa Rican Atlantic Coast during the early and mid XX century. It narrates the life conditions under which the indigenous people and the banana plantation workers lived. It describes a reality of exploitation, injustice, poverty, ignorance, and corruption, among others. This novel came from the people and for the people, a country that resented the exploitation from the United States of America. Costa Rica that was influenced by the Marine Invasion in 1912 in Nicaragua, the Russian Revolution in 1917, and most importantly, the Imperialism Movement that wanted to stop, under any circumstances, the spreading of communism throughout Latin American. In Costa Rica, imperialism and American power was predominant in the Atlantic area where the government had naively accepted transnational agreements that put in risk, our land and our people. Luis Fallas, using “Sibajita” as the main character, starts off by describing his journey to Talamanca (one of the biggest indigenous settlements in Costa Rica), where he was planning to participate in the presidential elections. The main character then recalls his previous experience after having spent several years in Limón (one of the seven provinces of Costa Rica) where the American United Fruit Company had established banana plantations. Carlos Luis Fallas describes the terrible life conditions – poverty and abandonment – of the indigenous people and the banana workers; he also denounces the corruption, exploitation and maltreatment. Everything is described in this novel: from his bus rides to Talamanca to the time he saw his friend – Calero – dying after being crushed by a tree. Mamita Yunai takes place in the rural areas of Costa Rica, where people had no other choice but to work for the United Fruit Company. There a contrast of characters, those who live the good life –described as tyrants with blue eyes and light hair, helped by the corrupted authorities of my country -; and those who are slaves in their own country: Sibajita, Calero, and Herminio, among others. Mamita Yunai becomes the voice to the people, the voice of those who cannot go out, those who were fooled and abused by their –own people– their government, those who could not fight against the greatest of all: the imperialistic power of the United States of America.

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